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Jean Wahl, y otro poemas

 

 

                                                por Oscar Masotta

 


 


Jean Wahl

 

 

                                                                         a René Cuellar

 

 

Salto, salto humano que un día el viejo Jean Wahl dio

salto hacia más allá del hombre

hacia el medio de las cosas

 

Todo eso que el mundo hace del mundo caerá sobre el mundo

y entonces

un día

la historia fue contada desde el principio

sin suspenso, sin arrebatos, sin sorpresa

el principio

el fin de las cosas

y la reflexión

el momento previo al nacimiento de la reflexión donde ya

hay reflexión

el momento exacto

cuando la historia se hace historia

porque se hace en mí y sin mí

el sueño de esa historia que se hace sin mí en mí y que hago

ay, que las palabras me acerquen de algún modo a ese lugar exacto!

pero entonces un hombre cae

y el principio anterior a la reflexión y que la contiene

y lo difuso entrevisto anterior

lo entrevisto difuso adherido al vacío

adherido despegado

el sueño de aquello que siguió al vacío

uno y lo otro

lo mismo

debe ser contado nuevamente

 

Salto humano que el viejo ya dio

el viejo Wahl que ya no veré

sentado, rodeado, resumiendo, despegando, contando, susurrando filosofía

yo lo amaba

viejo Wahl que ya no veré

viejo Wahl y mi barrio

esas calles que tampoco volveré a ver

la familiaridad que me envolvía de todo y me aislaba de todos

lo que quise evitar y lo que fui

yo decía: mañana

y me tomaba por alguien

era yo

el salto que el viejo Wahl dio

cuando se desembarazó del susurro y dijo que él, en verdad, era Sócrates

 

La locura la más cuerda de las locuras

la locura y el salto

el amor y la locura

la muerte y la palabra

nada más, nunca más, no ya más

no hay aún, ni todavía, menos, después

para qué entonces el cuerpo que sabe tanto de los otros

para qué la mujer si no se dejará alcanzar ya más por los muertos

para qué la política

si ahora no pueden deshacer esto que yo hice conmigo

todo es el mundo

y cuando digo para qué

todavía es el mundo

 

Un día, hacía calor, y un hachazo me cortó las manos

después sólo hubo antes

no más salto

sólo el rumiante pensamiento de los saltos

y la palabra melancolía

y la certeza:

entre yo y las cosas, siempre hay un salto

el viejo Wahl lo dio

viejo, viejo Wahl...

 

 

 

Soledad

 

 

Enumerar

eso es viejo

para desordenar uno está solo

para desordenar enumero una moneda

y la pipa

el vaso y el vidrio de la mesa

los libros, el lápiz, la lámpara

la lámpara, vuelvo a mirar, la pipa

los cigarrillos y la caja de fósforos

los zapatos que tengo puestos y la ropa interior

la camisa rozándome el cuello con el cuello

la corbata

(la corbata, me acuerdo, un escritor decía:

"como una serpiente sobre la silla")

un llavero, la copa de bronce, la medalla, el waterpolo

mis objetos el llavero

el cuello, siempre el cuello la garganta que me roza que me ahoga

que me lo desabrochen que me los quiten de encima

sin gemelos, sin gestos

y mis pastas

para untarme

por arriba y por abajo

por delante y por detrás

por los dientes

y la pasta de los olores

pastas como ideas que me tocan

que se posan sin insectos como alas

separarme de mi cuerpo con mis cosas

despegarme de mis pastas con mi cuerpo

atreverse

recostarse

la cabeza gacha, dejarse

y la billetera o el dinero manoseado amontonado

darse, o las viejas monedas de veinte centavos

sin azar, sin horror, sin gritos, sin relámpagos, sin tiempo

con aplicación

 

O un canto rodado alisado por la lluvia por el viento

sobre la mesa, después, y un papel de cinco pesos

miserable, apestoso, arrugado, atractivo, viscoso, necesario, costoso

la máquina, pero de escribir

y el pan, pero las migas

o el queso

o la nuez, pero moscada

al alcance de la mano y nada más

 

Enumerar, eso es viejo

para desordenar

y después, desordenar pero hacia adentro

adentro no hay adentro no hay afuera

 

Y cuando tomé el revólver

y cuando zafé el percutor

y cuando supe y ella supo que yo iba a morir

yo, un muerto de verdad

alzó los hombros

para pensar conmigo en las causas del suicidio

yo, en que al fin escribía el poema

ella, en que ya no me amaba

 

Un mugriento, sabe usted

un mugriento de verdad

 

Y cuando volví a mis objetos

y cuando tomé la pipa entre mis manos

de madera suave y opaca

de punta negra la carcoma de mis dientes

dientes como níquel como plomo

cañerías como estofa como niños

de madera el calor que cobijo con la palma de mis manos

pensativo, solitario, vergonzoso avergonzado

tristemente, pero muy triste

en serio

no llore usted

las infinitas previas manos al infinito goce de esta madera alisada

Plumb, Made in England, de esta madera, sellada

que prepararon mi goce de esta madera, trabajada

acercar, pegajoso acongojado la madera a la mejilla

no las veo ni las vi ni las quiero ni las quise

yo soy rey en mi miseria: es mentira

y esas manos

que presiento presentí

y ese goce que no puedo ya gozar

sin mis manos

porque el agua, obediente, cristalina, escurridiza

un lagarto, que sé yo!

que yo sé: surge de la fuente

o fluye o emana o emerge

pero de la fuente

yo la vi alguien vio usted vio

¿pero vio usted alguna vez de dónde fluye ese respetable tazón de loza?

¿o de barro o las etiquetas?

¿de dónde emanan no brotan las botellas, sabe usted?

¿o el cincelado oro de sus pulseras?

¿o el cuadrante negro y blanco de su reloj?

¿o los tiquets serpentinas los boletos el papel?

¿o aquello que no es agua ni fuego ni aire ni tierra?

fuego ni agua

o mis viejos gastados torcidos zapatos

o las medias el saco el paraguas

la canasta de las flores: nunca vi

la vieja, vieja funda decorada, tristemente, con colores

la funda de los sillones

 

 

 

Hegel y los psicólogos

 

 

Creía que yo era todo y que todo podía conmoverme

entendía que me hacía uno porque el todo es imposible

pero aunque no es cierto, es posible

hacía de mí un militante de la imposibilidad de lo cierto

hasta que un día descubrí lo mismo, lo que ya estaba

la mentira, los huecos y el engaño

y también descubrí el cuerpo

había que comenzar por el cuerpo

tejer una a una las repugnancias

viajar, hacia arriba, lentamente

 

Cuando llegué

el cuerpo se me escapó

otra vez

había entonces que comenzar desde arriba

o desde el principio

saber eso que sabía

y bajar

bajar, aparentemente, hacia mi cuerpo que no quería saber nada

hacia la mujer

yo hago todos los caminos

desde una punta a la otra

entonces, descubrí que jamás una punta es sí misma

 

Entonces tuve que saber las repugnancias

subir con las repugnancias en el alma

y saber el cuerpo

ese instrumento que nunca puedo separar dos palmos de mí

saber los huecos, la mentira y el engaño

la lealtad y la deslealtad

y mi deslealtad

y mi miedo

y las metafísicas;

la metafísica

he ahí un hombre que dice: "antes el ser"

y parece una condena

he ahí otro que dice: "antes el no ser"

cada uno estampa la frase sobre el papel para que el papel lo defienda

pero la metafísica tiene que ver con el miedo

el silencio eterno, y uno está ahí con ese cuerpo del que no puede alejarse dos palmos

 

Los psicólogos y la metafísica

tengo que decirlo, los odio

siempre odié a los psicólogos porque se diferenciaban de mí en que eran mujeres

          que se ignoraban

como las mujeres que se toman por mujeres

yo les decía: hermosas mujeres

fascinándome sobre esa vertiginosa testarudez que los obliga a tomarse por varones

usted es una mujer

más mujer que una mujer a la antigua

un encanto que no se sabe

o que sabe sólo como encanto

y que me necesita para saberse como encanto

un encanto que no se sabe

un Napoleón al que le falta Hegel

 

Sentado en lo alto de una ventana

Hegel miró cabalgar al vencedor de Jena

 

Los psicólogos son Napoleón y yo soy la mirada de aquél que miraba

         desde lo alto de la ventana

¿Hegel, amaba a Napoleón?

¿no habrá sentido Hegel el desprecio que dicta la envidia?

Hegel, que desconfiaba de la sinceridad, nunca dijo nada

sólo decía de sí mismo que era el Hegel de su Napoleón

 

 

[publicados en 1961]

 

Oscar Masotta

 


 

(ACLARACIONES:

• Estos poemas han sido tomados de su publicación original en la Antología de la poesía nueva en la República Argentina, a cargo de Juan Carlos Martelli, Ediciones Anuario, Buenos Aires, 1961. No conocemos que desde entonces hayan sido publicados, en forma íntegra, en ningún otro lado (ni en la world wide web ni en alguna otra edición en papel). [Si alguien tiene datos de ello, esperamos se nos informe.]

• Según normas en uso actualmente, hemos quitado el tilde en los monosílabos que ya no lo requieren y restituido los que a algunas palabras les corresponden. En dos ocasiones hemos agregado el doble espacio de separación de estrofas donde a todas luces era una indicación del autor comenzar la nueva estrofa con mayúscula.

En el poema "Soledad" no hemos modificado el verso que dice: "¿de dónde emanan no brotan las botellas, sabe usted?; aunque consideramos que hay una errata y nosotros leemos: "¿de dónde emanan o brotan las botellas, sabe usted?". •SdT)

 

 



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