Actualización de esta página: 08/08/2011 Buenos Aires, Argentina.
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Jean Wahl, y otro poemas
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por Oscar Masotta
Jean Wahl
a René Cuellar
Salto, salto humano que un día el viejo Jean Wahl dio
salto hacia más allá del hombre
hacia el medio de las cosas
Todo eso que el mundo hace del mundo caerá sobre el mundo
y entonces
un día
la historia fue contada desde el principio
sin suspenso, sin arrebatos, sin sorpresa
el principio
el fin de las cosas
y la reflexión
el momento previo al nacimiento de la reflexión donde ya
hay reflexión
el momento exacto
cuando la historia se hace historia
porque se hace en mí y sin mí
el sueño de esa historia que se hace sin mí en mí y que hago
ay, que las palabras me acerquen de algún modo a ese lugar exacto!
pero entonces un hombre cae
y el principio anterior a la reflexión y que la contiene
y lo difuso entrevisto anterior
lo entrevisto difuso adherido al vacío
adherido despegado
el sueño de aquello que siguió al vacío
uno y lo otro
lo mismo
debe ser contado nuevamente
Salto humano que el viejo ya dio
el viejo Wahl que ya no veré
sentado, rodeado, resumiendo, despegando, contando, susurrando filosofía
yo lo amaba
viejo Wahl que ya no veré
viejo Wahl y mi barrio
esas calles que tampoco volveré a ver
la familiaridad que me envolvía de todo y me aislaba de todos
lo que quise evitar y lo que fui
yo decía: mañana
y me tomaba por alguien
era yo
el salto que el viejo Wahl dio
cuando se desembarazó del susurro y dijo que él, en verdad, era Sócrates
La locura la más cuerda de las locuras
la locura y el salto
el amor y la locura
la muerte y la palabra
nada más, nunca más, no ya más
no hay aún, ni todavía, menos, después
para qué entonces el cuerpo que sabe tanto de los otros
para qué la mujer si no se dejará alcanzar ya más por los muertos
para qué la política
si ahora no pueden deshacer esto que yo hice conmigo
todo es el mundo
y cuando digo para qué
todavía es el mundo
Un día, hacía calor, y un hachazo me cortó las manos
después sólo hubo antes
no más salto
sólo el rumiante pensamiento de los saltos
y la palabra melancolía
y la certeza:
entre yo y las cosas, siempre hay un salto
el viejo Wahl lo dio
viejo, viejo Wahl...
Soledad
Enumerar
eso es viejo
para desordenar uno está solo
para desordenar enumero una moneda
y la pipa
el vaso y el vidrio de la mesa
los libros, el lápiz, la lámpara
la lámpara, vuelvo a mirar, la pipa
los cigarrillos y la caja de fósforos
los zapatos que tengo puestos y la ropa interior
la camisa rozándome el cuello con el cuello
la corbata
(la corbata, me acuerdo, un escritor decía:
"como una serpiente sobre la silla")
un llavero, la copa de bronce, la medalla, el waterpolo
mis objetos el llavero
el cuello, siempre el cuello la garganta que me roza que me ahoga
que me lo desabrochen que me los quiten de encima
sin gemelos, sin gestos
y mis pastas
para untarme
por arriba y por abajo
por delante y por detrás
por los dientes
y la pasta de los olores
pastas como ideas que me tocan
que se posan sin insectos como alas
separarme de mi cuerpo con mis cosas
despegarme de mis pastas con mi cuerpo
atreverse
recostarse
la cabeza gacha, dejarse
y la billetera o el dinero manoseado amontonado
darse, o las viejas monedas de veinte centavos
sin azar, sin horror, sin gritos, sin relámpagos, sin tiempo
con aplicación
O un canto rodado alisado por la lluvia por el viento
sobre la mesa, después, y un papel de cinco pesos
miserable, apestoso, arrugado, atractivo, viscoso, necesario, costoso
la máquina, pero de escribir
y el pan, pero las migas
o el queso
o la nuez, pero moscada
al alcance de la mano y nada más
Enumerar, eso es viejo
para desordenar
y después, desordenar pero hacia adentro
adentro no hay adentro no hay afuera
Y cuando tomé el revólver
y cuando zafé el percutor
y cuando supe y ella supo que yo iba a morir
yo, un muerto de verdad
alzó los hombros
para pensar conmigo en las causas del suicidio
yo, en que al fin escribía el poema
ella, en que ya no me amaba
Un mugriento, sabe usted
un mugriento de verdad
Y cuando volví a mis objetos
y cuando tomé la pipa entre mis manos
de madera suave y opaca
de punta negra la carcoma de mis dientes
dientes como níquel como plomo
cañerías como estofa como niños
de madera el calor que cobijo con la palma de mis manos
pensativo, solitario, vergonzoso avergonzado
tristemente, pero muy triste
en serio
no llore usted
las infinitas previas manos al infinito goce de esta madera alisada
Plumb, Made in England, de esta madera, sellada
que prepararon mi goce de esta madera, trabajada
acercar, pegajoso acongojado la madera a la mejilla
no las veo ni las vi ni las quiero ni las quise
yo soy rey en mi miseria: es mentira
y esas manos
que presiento presentí
y ese goce que no puedo ya gozar
sin mis manos
porque el agua, obediente, cristalina, escurridiza
un lagarto, que sé yo!
que yo sé: surge de la fuente
o fluye o emana o emerge
pero de la fuente
yo la vi alguien vio usted vio
¿pero vio usted alguna vez de dónde fluye ese respetable tazón de loza?
¿o de barro o las etiquetas?
¿de dónde emanan no brotan las botellas, sabe usted?
¿o el cincelado oro de sus pulseras?
¿o el cuadrante negro y blanco de su reloj?
¿o los tiquets serpentinas los boletos el papel?
¿o aquello que no es agua ni fuego ni aire ni tierra?
fuego ni agua
o mis viejos gastados torcidos zapatos
o las medias el saco el paraguas
la canasta de las flores: nunca vi
la vieja, vieja funda decorada, tristemente, con colores
la funda de los sillones
Hegel y los psicólogos
Creía que yo era todo y que todo podía conmoverme
entendía que me hacía uno porque el todo es imposible
pero aunque no es cierto, es posible
hacía de mí un militante de la imposibilidad de lo cierto
hasta que un día descubrí lo mismo, lo que ya estaba
la mentira, los huecos y el engaño
y también descubrí el cuerpo
había que comenzar por el cuerpo
tejer una a una las repugnancias
viajar, hacia arriba, lentamente
Cuando llegué
el cuerpo se me escapó
otra vez
había entonces que comenzar desde arriba
o desde el principio
saber eso que sabía
y bajar
bajar, aparentemente, hacia mi cuerpo que no quería saber nada
hacia la mujer
yo hago todos los caminos
desde una punta a la otra
entonces, descubrí que jamás una punta es sí misma
Entonces tuve que saber las repugnancias
subir con las repugnancias en el alma
y saber el cuerpo
ese instrumento que nunca puedo separar dos palmos de mí
saber los huecos, la mentira y el engaño
la lealtad y la deslealtad
y mi deslealtad
y mi miedo
y las metafísicas;
la metafísica
he ahí un hombre que dice: "antes el ser"
y parece una condena
he ahí otro que dice: "antes el no ser"
cada uno estampa la frase sobre el papel para que el papel lo defienda
pero la metafísica tiene que ver con el miedo
el silencio eterno, y uno está ahí con ese cuerpo del que no puede alejarse dos palmos
Los psicólogos y la metafísica
tengo que decirlo, los odio
siempre odié a los psicólogos porque se diferenciaban de mí en que eran mujeres
que se ignoraban
como las mujeres que se toman por mujeres
yo les decía: hermosas mujeres
fascinándome sobre esa vertiginosa testarudez que los obliga a tomarse por varones
usted es una mujer
más mujer que una mujer a la antigua
un encanto que no se sabe
o que sabe sólo como encanto
y que me necesita para saberse como encanto
un encanto que no se sabe
un Napoleón al que le falta Hegel
Sentado en lo alto de una ventana
Hegel miró cabalgar al vencedor de Jena
Los psicólogos son Napoleón y yo soy la mirada de aquél que miraba
desde lo alto de la ventana
¿Hegel, amaba a Napoleón?
¿no habrá sentido Hegel el desprecio que dicta la envidia?
Hegel, que desconfiaba de la sinceridad, nunca dijo nada
sólo decía de sí mismo que era el Hegel de su Napoleón
[publicados en 1961]
Oscar Masotta
(ACLARACIONES:
• Estos poemas han sido tomados de su publicación original en la Antología de la poesía nueva en la República Argentina, a cargo de Juan Carlos Martelli, Ediciones Anuario, Buenos Aires, 1961. No conocemos que desde entonces hayan sido publicados, en forma íntegra, en ningún otro lado (ni en la world wide web ni en alguna otra edición en papel). [Si alguien tiene datos de ello, esperamos se nos informe.]
• Según normas en uso actualmente, hemos quitado el tilde en los monosílabos que ya no lo requieren y restituido los que a algunas palabras les corresponden. En dos ocasiones hemos agregado el doble espacio de separación de estrofas donde a todas luces era una indicación del autor comenzar la nueva estrofa con mayúscula.
• En el poema "Soledad" no hemos modificado el verso que dice: "¿de dónde emanan no brotan las botellas, sabe usted?; aunque consideramos que hay una errata y nosotros leemos: "¿de dónde emanan o brotan las botellas, sabe usted?". •SdT)
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por: Oscar Masotta