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Actualización de esta página: 06/08/2011 Buenos Aires, Argentina.

 

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Hirosaki, El tremendo putrema, y otros poemas

 

por Alberto a. Arias


 

Hirosaki

(ensueño antinuclear)

 

1.

 

Era la Hora de llevarse el primer pan a la boca,

era la Hora de entrar a las escuelas a reír o llorar, saber u olvidar,

era la buena Hora en que el retórico «Febo los campos dora»,

era la plena Hora de los crudos trabajos estropeantes, como premiando

       al Emperador por existir...

 

Ésa fue la Hora:

Ésa fue la Hora Detenida en su Reloj:

Ésa fue la Hora en que la Embajada voladora acercó su carga de oro

       desmedido:

Ésa fue la Hora en que arrojó su Huevo el Gayo Lane:

       una Bomba de todos los metales iridiscentes del universo:

       una adorada Bomba hecha toda de límpidos elementos sucios:

       una Bomba de puro dólar hiperdoloro:

       una Bomba de « ¡Hola, amigos - Mueran, perros! ».

 

El Gayo Lane actuó su Hora y su Momento

con suprema Ciencia

                               y con Pericia

                                                  y con Conciencia:

 

Y registrados quedaron para la Historia

Hora y Sitio

donde cayó su Huevo de Granmetal.

 

 

2.

 

Visité Hirosaki un día de otoño como en un ensueño:

décadas después del Momento aquel su viejo campanario aún

       retintineaba...

Y no era el suyo un sonido apto para oídos humanos proveniente de

       una lejana colina cavada en el suelo de piedra de un foso infinito

       harto de pelos y lenguas de donde emergía la luz vertical como un hongo:

 

Aquello

era el fin del Tiempo

datado en el principio de la luz.

 

Visité las parvas de incontados muertos hechos hálito de polvo.

Visité sus antitumbas labradas en los muros y en las sombras sin sol.

Visité a los fantasmas de los niños vagabundos entre las ruinas

       y los vi cavar con sus deditos por un mendrugo inexistente

       y los vi boquear hacia el pasado irredimible:

con los oídos manando sangre, llamaban a sus padres dibujados en el vacío.

 

Y a mí mismo me hallé y me vi, con los ojos vagarosos,

y era un anciano vagabundo entre los escombros, balbuceando

       «No iba a ocurrir, pero ocurrió. No debía pasar, pero pasó»...

 

 

3.

 

 

Y luego... este despertar mío, cargado de temblor y crispación...

Y esa bocina que aún emite:

«Lo/volveremos/ahacer - Lo/volveremos/ahacer - Lo/volveremos...»...

mientras despierto...

 

Ah, todo ha sido un sueño:

la Bomba de Hirosaki no ha ocurrido...

 

Sí es verdad que ocurrió en Hiroshima, en el año 45 del mil novecientos.

Y ocurrió también en Nagasaki, es verdad, apenas setenta horas después...

Y quedó registrado: Medio Millón de seres masacrados entrambas ciudades...

 

Ah, pero sólo en mis pesadillas

existe un sitio

llamado Hirosaki...

 

Claro que estos desparecidos cadáveres son Casi-Nada

ante el Número de 60.000.000 de Asesinados de las Dos Grandes Guerras...

Y es incluso Menos-Que-Nada la «Tormenta de fuego» aéreo de Entonces,

     arrasadora de Tokio y vida y natura...

 

Y es verdad que ocurrió, también, luego,

entre tantas horripilantes Obras otras — y a ésta la hemos Visto —

la Orgía de bombas y dioxinas y napalm sobre las landas de Vietnam...

 

Y es verdad verdadera — y a ésta recién la hemos Presenciado—

la Barbarie Imperial del siglo 21 sobre los montes del Líbano

     y sus repobladas neociudades arrasadas...

 

Todo eso es verdad, sí...

pero aún...  aún Hirosaki no ocurrió...

y mientras escribo y memoro aún Hirosaki no ocurrió...

y mientras escriba esto... Hirosaki no ocurre...

no ocurre Hirosaki... ni ocurrirá... mientras escribo...

mientras escriba y no me duerma...

y no ocurrirá...

si no me duermo...

y mientras escriba...

y memore...

y no duerma...

y si no... y si...

y no si... y no...

 

 

(set.-dic. 2006)

 

Posdata al poema Hirosaki:
Cuando escribí el poema «Hirosaki» no sabía que existía una ciudad japonesa con ese nombre. ¿De dónde tomé el de mi poema? De la sola idea de unir la primera parte de Hiroshima con la segunda de Nagasaki. Incluso en esos días fui, como suelo hacerlo en situaciones similares, a buscar y rebuscar en diccionarios y en la world wide web. Buscaba el significado en japonés de las dos partículas, pero no sé por qué no busqué, en ese momento, el nuevo nombre completo. Recién lo hice un mes después de haber terminado la versión definitiva del poema. Y, por supuesto, Hirosaki apareció en los buscadores con miles de entradas. Pude conocer entonces que Hirosaki es una importante ciudad japonesa. Antaño era la capital política y cultural de la norteña región de Tsugaru, durante el Periodo Edo. Hirosaki es hoy una de las ciudades culturalmente más ricas de la prefectura de Aomori (en la región de Tohoku), visitada regularmente por turistas de todo el mundo. Sobre las partículas en cuestión, no hay nada de interesante que pueda agregar ahora. En cuanto al nombre «Gayo Lane» que allí aparece: se trata de un anagrama de «Enola Gay», nombre que le dieron al bombardero norteamericano que arrojó la Bomba sobre Hiroshima en 1945. Gayo significa en castellano alegre, vistoso, etc.; Lane en inglés significa senda, derrotero. (A. a. Arias, marzo 2007.)

 

 

El muro


Decía en voz alta de este lado del muro:
« Mientras seres padezcan, como aquí ahora, a la intemperie,
la cárcel del hambre, heridos para siempre en su miseria,
no habrá paz ni placer sobre la tierra »


                  Mas llegaban del revés del paredón
risitas, vozarrones, el tilín tilín de húmedos cristales,
hurras ampulosos, congratulaciones,
sonorosos aplausos que lo tapan todo y todo.


                                                                           (2006)

 

 

 

Anclado en la bahía

 

 

Anclado en la bahía

el sol es un animal salvaje

atrapado entre el mar, la tierra y el cielo.

 

Y derramado en su largor violáceo sobre la arena oscura

el crepúsculo nos da la bienvenida

al reino de lo no violado

 

por las lanchas de desembarco,

las minas, los cascos, los obuses,

las telas rasgadas, los huesos astillados,

las odiosas banderas en jirones...

la pólvora... el gas mostaza... la dioxina...

el fósforo... el sarín... el tabun... el napalm...

 

                                                                 (2007)

 

 

El tremendo putrema

 

 

1.

 

En el corazón de la tierra

ardemos en Experiencia :

 

las huestes de Bobolonia

arrancan aullidos

en Babilonia.

 

Otra vez,     y otra,     y otra

van por el  Orden Nuevo

del Jugo del Oro —

 

y dolarductos fluyentes

hacia Bancos de Próspero.

 

 

2.

 

Que No ! Que No !

Que No, No y No !

 

Que No ! Que No !

Que No, No y No !

 

 

3.

 

Eso que cae — eso que cae — oh que cae y cae —

Artes de Ciencia y Técnica que tan bien caen —

Que también caen las edades... y caen

las  libertas liberticidades —

y las Supermanidades

y las proclamidades,

putricidades

que caen...

y caen...

y caen

 

 

4.

 

Que No ! Que No !

Que No, No y No !

 

Que No ! Que No !

Que No, No y No !

 

5.

 

Kilotrones braman

cortándole cielo al aire.

 

Las bocas quemadas

en silencios arden.

 

Ojos que boquean.

Abismos en cada poro.

 

La humanidad entera

un niño solo.

 

6.

 

Que No ! Que No !

Que No, No y No !

 

Que No ! Que No !

Que No, No y No !

 

7.

 

Al tremendo putrema

una sólida cadena :

                           Revolución !

 

A semejante asechanza

una sola venganza :

                           Revolución !

 

 

                                       (Buenos Aires, Irak. — 1991-2003)

 

 

Alberto a. Arias

 


Noticia sobre estos poemas:

'Hirosaki (ensueño antinuclear)', 'El paredón' y "Anclado en la bahía" pertenecen a conjuntos inéditos y se publican por primera vez aquí. "El tremendo putrema" fue publicado antes en la plaqueta Contra el Imperio de la Guerra, en 2003. (•SdT, 22/3/07)

 



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"Hirosaki (ensueño antinuclear), El tremendo putrema, y otros poemas"

por: Alberto a. Arias

[incluye el audio del poemas 'Hirosaki')