Actualización de esta página: 07/04/2008 Buenos Aires, Argentina.

 

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[Continuará...]


[12]

 

[las apariencias]

 

"En verdad somos como troncos de árboles en la nieve. En apariencia sólo apoyados en la superficie, y factibles de ser desplazados con un pequeño empujón. No, es imposible, estamos firmemente unidos a la tierra. Pero cuidado, también esto es pura apariencia."

[Franz Kafka: "Los árboles", en: Contemplación, 1912.]

 


[11]

 

[el "buen amigo", el "viejo topo", el "digno zapador": la revolución]

 

"Las llamadas revoluciones de 1848 no fueron más que pequeños hechos episódicos, ligeras fracturas y fisuras en la dura corteza de la sociedad europea. Bastaron, sin embargo, para poner de manifiesto el abismo que se extendía por debajo. Demostraron que bajo esa superficie, tan sólida en apariencia, existían verdaderos océanos, que sólo necesitaban ponerse en movimiento para hacer saltar en pedazos continentes enteros de duros peñascos. Proclamaron, en forma ruidosa a la par que confusa, la emancipación del proletariado, ese secreto del siglo XIX y de su revolución.

Bien es verdad que esa revolución social no fue una novedad inventada en 1848. El vapor, la electricidad y el telar mecánico eran unos revolucionarios mucho más peligrosos que los ciudadanos Barbés, Raspail y Blanqui. Pero, a pesar de que la atmósfera en la que vivimos ejerce sobre cada uno de nosotros una presión de 20000 libras, ¿acaso la sentimos? No en mayor grado que la unión europea sentía, antes de 1848, la atmósfera revolucionaria que la rodeaba y que presionaba sobre ella desde todos los lados.

Nos hallamos en presencia de un gran hecho característico del siglo XIX, que ningún partido se atreverá a negar. Por un lado, han despertado a la vida unas fuerzas industriales y científicas de cuya existencia no hubiese podido sospechar siquiera ninguna de las épocas históricas precedentes... Por otro lado, existen unos síntomas de decadencia que superan en mucho a los horrores que registra la historia de los últimos tiempos del Imperio Romano. Hoy día, todo parece llevar en su seno su propia contradicción. Vemos que las máquinas, dotadas de la propiedad maravillosa de acortar y hacer más fructífero el trabajo humano provocan el hambre y el agotamiento del trabajador. Las fuentes de riqueza recién descubiertas se convierten, por arte de un extraño maleficio, en fuentes de privaciones. Los triunfos del arte parecen adquiridos al precio de cualidades morales. El dominio del hombre sobre la naturaleza es cada vez mayor; pero, al mismo tiempo, el hombre se convierte en esclavo de otros hombres o de su propia infamia. Hasta la pura luz de la ciencia parece no poder brillar más que sobre el fondo tenebroso de la ignorancia. Todos nuestros inventos y progresos parecen dotar de vida intelectual a las fuerzas materiales, mientras que reducen a la vida humana al nivel de una fuerza material bruta. Este antagonismo entre la industria moderna y la ciencia, por un lado, y la miseria y la decadencia, por otro; este antagonismo entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de nuestra época es un hecho palpable, abrumador  e incontrovertible. Unos partidos pueden lamentar este hecho; otros pueden querer deshacerse de los progresos modernos de la técnica con tal de verse libres de los conflictos actuales; otros más pueden imaginar que este notable progreso industrial debe complementarse con una regresión política igualmente notable. Por lo que a nosotros se refiere, no nos engañamos respecto a la naturaleza de ese espíritu maligno que se manifiesta constantemente en todas las contradicciones que acabamos de señalar. Sabemos que para hacer trabajar bien a las nuevas fuerzas de la sociedad se necesita únicamente que éstas pasen a manos de hombres nuevos, y que tales hombres nuevos son los obreros.

Éstos son igualmente un invento de la época moderna, como las propias máquinas. En todas las manifestaciones que provocan el desconcierto de la burguesía, de la aristocracia y de los pobres profetas de la regresión, reconocemos a nuestro buen amigo Robin Goodfellow, al viejo topo que sabe cavar la tierra con tanta rapidez, a ese digno zapador que se llama Revolución."

[Karl Marx: fragmento del discurso pronunciado el 14 de abril de 1856 y publicado en el People's Paper del 19 de abril de 1856.] [Negritas nuestras.]

 


[10]

 

[la formación de los mitos]

 

"Hasta el presente, se creía que la formación de los mitos cristianos bajo el Imperio romano había sido sólo porque la imprenta aún no estaba inventada. Es todo lo contrario. La prensa diaria y el telégrafo [hoy la tevé y la internet] que difunden sus invenciones por todo el universo en un abrir y cerrar de ojos, fabrican más mitos en un día (que el tropel de burgueses los acepta y los difunde) que antes en un siglo".

[Karl Marx: en Cartas a Kugelmann - Frag. de la carta 49, 27 julio 1871.] [Comentario entre corchetes, nuestro.]

 


[9]

 

[la misión histórica del proletariado moderno]

 

"La división en clases se basó en la insuficiencia de la producción, y será barrida por el pleno despliegue de las fuerzas productivas modernas. La supresión de las clases sociales tiene efectivamente como presupuesto un grado de desarrollo histórico en el cual sea un anacronismo, cosa anticuada, no ya la existencia de tal o cual clase dominante, sino el dominio de clase en general, es decir, las diferencias de clase mismas. Tiene, pues, como presupuesto un alto grado de desarrollo de la producción en el cual la apropiación de los medios de producción y de los productos por una determinada clase social —y con ella el poder político, el monopolio de la instrucción y la dirección intelectual por dicha clase— se haya hecho no sólo superflua, sino también un obstáculo económico, político e intelectual para el desarrollo. A este punto hemos llegado ya. Mientras la bancarrota política e intelectual de la burguesía es ya apenas un secreto para ella misma, su bancarrota económica se repite regularmente cada diez años. En cada crisis se ahoga la sociedad bajo la exuberancia de sus propias fuerzas productivas y de sus productos, inutilizables unas y otros, y se encuentra perpleja ante la absurda contradicción de que los productores no tengan nada que consumir precisamente porque faltan consumidores. La fuerza expansiva de los medios de producción rompe las ataduras que les pone el modo de producción capitalista. Su liberación de esas ataduras es el único presupuesto de un desarrollo ininterrumpido, del progreso cada vez más rápido de las fuerzas productivas, y, por tanto, de un aumento prácticamente ilimitado de la producción misma. Pero eso no es todo. La apropiación social de los medios de producción elimina no sólo la actual inhibición artificial de la producción, sino también el positivo despilfarro y la destrucción de fuerzas productivas y productos que son hoy día compañeros inevitables de la producción y alcanzan su punto culminante en las crisis. Esa apropiación social pone además a disposición de la comunidad una masa de medios de producción y de productos al eliminar el insensato desperdicio del lujo de las clases actualmente dominantes y de sus representantes políticos. La posibilidad de asegurar a todos los miembros de la sociedad, gracias a la producción social, una existencia que no sólo resulte del todo suficiente desde el punto de vista material, sino que, además de ser más rica cada día, garantice a todos su plena y libre formación y el ejercicio de todas sus disposiciones físicas e intelectuales, existe hoy por vez primera, incipientemente, pero existe.

   Con la toma de posesión de los medios de producción por la sociedad se elimina la producción mercantil y, con ella, el dominio del producto sobre el productor. La anarquía en el seno de la producción social se sustituye por la organización consciente y planeada. Termina la lucha por la existencia individual. Con esto el hombre se separa definitivamente, en cierto sentido, del reino animal, y pasa de las condiciones de existencia animales a otras realmente humanas. El cerco de las condiciones de existencia que hasta ahora dominó a los hombres cae ahora bajo el dominio y el control de éstos, los cuales se hacen por vez primera conscientes y reales dueños de la naturaleza, porque y en la medida en que se hacen dueños de su propia sociación. Los hombres aplican ahora y dominan así con pleno conocimiento real las leyes de su propio hacer social, que antes se les enfrentaban como leyes naturales extrañas a ellos y dominantes. La propia sociación de los hombres, que antes parecía impuesta y concedida por la naturaleza y la historia, se hace ahora acción libre y propia. Las potencias objetivas y extrañas que hasta ahora dominaron la historia pasan bajo el control de los hombres mismos. A partir de ese momento harán los hombres su historia con plena conciencia; a partir de ese momento irán teniendo predominantemente y cada vez más las causas sociales que ellos pongan en movimiento los efectos que ellos deseen. Es el salto de la humanidad desde el reino de la necesidad al reino de la libertad.

   La misión histórica del proletariado moderno consiste en llevar a cabo esa acción liberadora del mundo. La tarea de la expresión teorética del movimiento proletario, la tarea del socialismo científico, es descubrir las condiciones históricas de aquella acción y, con ello, su naturaleza misma, para llevar a conciencia de la clase hoy oprimida llamada a realizarla las condiciones y la naturaleza de su propia tarea.

[Friedrich Engels: en Anti-Dühring, 1878.]

 


[8]

 

[el concepto de verdad]

 

"No basta con que yo clasifique un cepillo de botas en la unidad 'animales mamíferos' para que en el mismo broten glándulas mamarias."

[Friedrich Engels: en Anti-Dühring, 1878.]

 


[7]

 

[la libertad como fuerza viva]

 

"Ojalá que los acontecimientos recientes [el nazismo, la Segunda Guerra mundial] hayan enseñado a Francia y al mundo que la libertad no puede subsistir sino en estado dinámico, que se desnaturaliza y se niega desde el instante en que se cree poder hacer de ella un objeto de museo. Y tregua de toda discusión bizantina sobre su naturaleza: sería no sólo vano sino de nuevo peligroso instituir un debate de fondo sobre la libertad en el que se apresurarían a participar todos los que pueden tener interés en embrollar la cuestión. Dejada deliberadamente de lado su acepción filosófica, que no tiene nada que hacer aquí, pero de la que sus adversarios saben sacar partido para oscurecerla, la libertad se define muy bien por oposición a todas las formas de servidumbre y de constricción. La única debilidad de esta definición es representar generalmente a la libertad como un estado, es decir, en la inmovilidad, cuando toda la experiencia humana demuestra que esa inmovilidad acarrea su ruina inmediata. Las aspiraciones del hombre a la libertad deben mantenerse en la posibilidad de recrearse sin cesar; por eso se la debe concebir no como estado sino como fuerza viva que acarrea una progresión continua. Además es la única manera en que puede seguir oponiéndose a la constricción y a la servidumbre, que, por su parte, se recrean constantemente de la manera más ingeniosa. Nótese: la libertad para el preso es cosa admirablemente concreta, positiva, mientras está detrás de los barrotes, pero en la plena luz de afuera las alegrías que esperaba de ella ¡qué rápidamente agotables son! Una vez pasado el primer momento de alivio y de excitación, va a disponer de esa libertad sin gozar verdaderamente de ella —¡del mismo modo que no se experimenta ninguna voluptuosidad por vivir en paz con los propios dientes después de la crisis de la primera infancia!—, y ya será bastante si no se pregunta de inmediato, con inquietud, qué hacer con esa libertad. Hay el peligro, por desgracia, de que suceda lo mismo con todos aquellos que, en el movimiento de resistencia en Francia y en otros países, han limitado sus perspectivas a la liberación del territorio. El esfuerzo de liberación no coincide sino de manera particular y fortuita con la lucha por la libertad. Una distinción muy formal entre estos dos términos se impone hoy, cuando algunos se preparan a sacar partido de su confusión a expensas de la libertad. La idea de liberación tiene contra ella el ser una idea negativa, en no valer sino momentáneamente y en relación con una expoliación de hecho, bien definida, que hay que hacer cesar. Toda idea de este tipo, no constructiva por si misma —bien se vio con el antifascismo de la preguerra, encadenado al carril de la oposición pura— es de un alcance mediocre. La idea de libertad, por el contrario, es una idea plenamente dueña de sí misma, que refleja una visión incondicional de lo que califica al hombre y que es lo único que da un sentido apreciable al devenir humano. La libertad no es, como la liberación, la lucha contra la enfermedad, es la salud. La liberación puede hacer creer en un restablecimiento de la salud, cuando en realidad no señala sino una remisión de la enfermedad, sino la desaparición de su síntoma más manifiesto, más alarmante. La libertad, en cambio, escapa a toda contingencia. La libertad, no sólo como ideal sino como recreador constante de energía, tal como ha existido en ciertos hombres y como puede darse por modelo a todos los hombres, debe excluir toda idea de equilibrio confortable y concebirse como eretismo continuo. La necesidad primordial de liberación, que acaba de ser muy ampliamente sentida, y el amor a la libertad, respecto del cual es imposible disimular que sigue siendo mucho más electivo, han debido al rigor de los tiempos el poder caminar lado a lado. Más aun, han admitido una común medida que es la valentía, la verdadera valentía, que exige la libre aceptación del peligro. No por ello deja de ser deseable, en el más alto grado, que una vez rechazado y puesto fuera de condición de ser nocivo el último esbirro y una vez pasado por las armas el último traidor, ninguno de aquellos que comprometieron en la lucha más desigual lo mejor de sí mismos, crea poder quedarse en eso. En el corazón mismo de lo que lo sublevó, por poco que se concentre, descubrirá entonces la chispa misma de esa libertad que sólo pide crecer y convertirse para todos en una estrella. Esa libertad, digo que la habrán visto despuntar, y que no tendrán que hacer sino acordarse para que ante su mirada, en lo porvenir, los más malintencionados renuncien a razonar sobre ella, a saber hasta qué punto su concepción está intelectualmente fundada, del mismo modo que la historia, incluso la de espíritu más reaccionario, más parcial, se abstiene de pedir cuenta de ella a los soldados de Valmy."

[André Breton: en Arcano 17, 1945.]

 


[6]

 

[lo concreto de la libertad]

 

"Seamos concretos, hagamos lo que parece imposible: vivir en libertad."

[Signos del Topo, 2007.]

 


[5]

 

[la clase vengadora]

 

"El sujeto del conocimiento histórico es la misma clase oprimida que combate. En Marx aparece como la última clase esclava, como la clase vengadora, que lleva a su fin la obra de liberación en nombre de las generaciones de vencidos. Esta conciencia, que ha vuelto a afirmarse durante breve tiempo en el movimiento 'Spartacus', ha sido siempre desagradable para la socialdemocracia. En el curso de treinta años la socialdemocracia ha logrado apagar casi completamente el nombre de un Blanqui, que con su timbre metálico hacía temblar al siglo precedente. La socialdemocracia se complacía en asignar a la clase trabajadora el papel de redentora de las generaciones futuras. Y así cortaba el nervio principal de su fuerza. En esta escuela la clase desaprendió tanto el odio como la voluntad de sacrificio. Pues ambos se nutren de la imagen de los antepasados oprimidos y no del ideal de los descendientes libres."

[Walter Benjamin: en "Tesis de filosofía de la historia" [hacia 1940], Ensayos escogidos, 1967.]

 


[4]

 

[la libertad fundamental]

 

"Tal vez logren quitarnos la libertad, pero nada nos hará renunciar a vivir en libertad."

[Signos del Topo, 2007.]

 


[3]

[libertad y cultura]

 

"La libertad consiste, pues, en el dominio de nosotros mismos y de la naturaleza exterior, basado en la conciencia de las necesidades naturales; es, por lo tanto, forzosamente, un producto del desarrollo histórico. Los primeros hombres salidos del reino animal eran, en todo lo sustancial, tan poco libres como los animales mismos, pero cada paso dado en la senda de la cultura era un paso dado en la senda de la libertad."

[Friedrich Engels: en Anti-Dühring, 1878.]

 


[2]

[la jaula]

 

"Aunque una jaula sea casi del tamaño del espacio, siempre será una jaula."

[Baldomero Fernández Moreno: en La mariposa y la viga, 1947.]

 


[1]

 

[la libertad]

 

"La libertad es concreta." (Signos del Topo, 2006)