ef13-(23/1/10)- La derecha reconquista La Moneda con Sebastián Piñera
publicado en SdT por Adriana Armanino, el 23 enero 2010.
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La derecha reconquista La Moneda con Sebastián
Piñera
El empresario multimillonario Sebastián Piñera,
candidato de la derechista Coalición por el Cambio,
se convirtió ayer en Presidente electo de Chile al
derrotar en el ballotage a Eduardo Frei,
candidato de la Concertación de Partidos por la
Democracia, por un 51,61% de los votos a un 48,38%.
El 11 de marzo la presidenta Michelle Bachelet
traspasará la banda presidencial a Piñera, un
empresario multimillonario, íntimo amigo de José
María Aznar, quien le visitó en Chile en septiembre
y calificó de “trascendentales” unas elecciones que
se celebran cuando la mayor parte de países de
Sudamérica tienen gobiernos progresistas o
revolucionarios. Por si fuera poco, Piñera también
es admirador del presidente colombiano Álvaro Uribe,
a quien rindió pleitesía en julio de 2008 y de cuya
política genocida de “seguridad democrática” se
considera admirador. Y entre quienes le han
acompañado en los últimos días de campaña ha estado
el escritor Mario Vargas Llosa.
La victoria de Piñera significa un retroceso enorme
en un país que aún no ha culminado la transición.
Con Piñera en La Moneda, la Constitución de 1980
(impuesta por Pinochet) continuará vigente y no será
reformada; el movimiento obrero seguirá sufriendo el
Código del Trabajo pinochetista (impuesto en 1980
por el ministro de Trabajo, José Piñera, hermano del
presidente electo), que dificulta el derecho a la
huelga e impide la negociación de convenios
colectivos; los casi 800 represores de la dictadura
actualmente procesados tendrán garantías de
impunidad; la empresa pública del cobre (Codelco)
será probablemente privatizada, al menos en parte;
el millón de chilenos que vive en el exterior no
conquistarán su derecho al voto; la ley electoral
binominal no será reformada; el pueblo mapuche
seguirá siendo masacrado en la Araucanía (región
donde, por cierto, ayer Piñera obtuvo el 57,51% de
los votos); y, en definitiva, los grandes capitales
podrán seguir acumulando riquezas en uno de los
países del mundo donde la brecha entre clases
sociales es más acentuada.
Entre las incógnitas que abre el nuevo escenario
está el futuro de la Concertación, una coalición que
aglutina a democristianos, socialistas, liberales y
radicales. En sus palabras de reconocimiento de la
derrota, Frei y otros dirigentes dejaron entrever
anoche que la coalición que ha gobernado el país
desde 1990 permanecerá unida. Sin embargo, esta
coalición ha estado unida en la última década sobre
todo por el interés por conservar el poder, y las
prebendas que conlleva, y en la primera vuelta del
13 de diciembre un diputado salido de las filas del
Partido Socialista, Marco Enríquez-Ominami, fue
capaz de obtener el 20% de los votos. El hastío ante
la Concertación, ante las mismas caras que
han copado la escena politica del país
durante veinte años, ha podido más que la memoria de
una dictadura en la que la derecha brindó su apoyo a
Pinochet, secundó su proyecto político y económico e
ignoró las gravísimas violaciones de los derechos
humanos.
Una especial responsabilidad en el nuevo escenario
corresponde a las fuerzas de izquierda, al
movimiento popular chileno, hayan o no votado ayer
por Frei. Ante el horizonte de cuatro años de
gobierno de la derecha, con un papel relevante
probablemente del partido pinochetista Unión
Demócrata Independiente (UDI), la necesidad de una
confluencia de todas aquellas fuerzas políticas y
sociales que defienden una alternativa al
neoliberalismo, que volverá a su mayor expresión a
partir del 11 de marzo, es más necesaria que nunca.
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