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¿Fantasía, ciencia o payasada?

(Lenin contra Stalin en el siglo 21)

 

por Alberto a. Arias

 

 


 

[ACLARACIÓN:

El tiempo avanza irremediable o con remedio, y todo hay que verlo a la luz del desarrollo de circunstancias que ningún texto puede manipular. El siguiente escrito nació ¡hace ya 11 años! y entonces fue difundido apenas entre unos pocos lectores.

Como aquí mismo se señala, nuestro tiempo ES un futuro-presente-pasado traqueteante que pasa, pasa, pasa, pasa... Espero, sin embargo, que algunos de los conceptos aquí volcados mantengan actualidad para seguir luchando, una década después, contra la misma pseudociencia, "instrumental", profundamente interesada, que se mantiene viva bajo la protección mafiosa de su gran Amo: el capital.

La clonación humana quizá avance mucho más allá de lo que algunos querrían, pero la fantasía burocrática sobre la clonación de la momia de Lenin ha quedado —tal vez— no más que en una ridícula declaración de lunáticos desesperados por perder su sueldo (eran los días en que empezaban a ver qué hacer con dicha momia y con la posible destrucción del mausoleo de Lenin).

El siguiente artículo (escrito a principios de 1997) aborda cuestiones “de futuro” que nunca está de más poner a consideración, pero que son tan espinosas como el más crudo de los dilemas del “presente”. Espero que se lo lea como un aporte poético a la biblioteca de la Revolución. (A. a. Arias - agosto de 2001). ] 

 ....................

 

 

« Sólo de pensar en estas preguntas terribles siento escalofríos y pienso dónde podría esconderme. »

(Lenin, en el Qué hacer)

 

Del Diccionario Espasa-Calpe:

«Clon – (Del griego klón, retoño) m. Estirpe celular o serie de individuos pluricelulares nacidos de ésta, absolutamente homogéneos desde el punto de vista de su estructura genética; equivale a estirpe o raza pura».

 

Y en el mismo diccionario:

«Clon – (Del inglés clown, patán) m. Payaso».

 

[Estas definiciones estaban vigentes hasta las últimas ediciones del diccionario de la Real Academia. Su enmienda ha sido propuesta recientemente.]

 

 

 

1. El puro deseo del payaso

 

Por casualidad idiomática, en castellano clon significa a la vez «payaso» y «estirpe o raza pura».

Hace unos meses [recordémoslo: estamos iniciando 1997] los lectores y oyentes de todas las lenguas fueron sorprendidos con la «noticia» de que había ya en el mundo algunos animales clonados en laboratorios norteamericanos y europeos. El tema suscita debates en todos los niveles: científico y político, filosófico y moral, en la prensa y en la calle, y recorre las pantallas de los televisores, esas ventanas al mundo que en cientos de millones de hogares permiten (¡pero sólo aparentemente!) ver sin ser vistos.

No han pasado dos meses y ahora nos «informan» que los «científicos» moscovitas que «guardan» el cadáver momificado de quien fue Vladimir Ilich Lenin, anunciaban a quien quisiera prestarles oídos la novedad de que estarían dispuestos a clonar el organismo del mayor líder revolucionario del siglo XX. (Acotación: jamás perdemos de vista cómo se generan las «noticias» en las agencias internacionales, que son la mayor fábrica de falsas informaciones con categoría de supuesta «verdad».)

Los hijos «científicos» de la despreciable burocracia stalinista, sospechada de asesinar a Lenin, asesina comprobada de Trotsky y de muchos dirigentes bolcheviques, así como de innumerables revolucionarios socialistas y anarquistas, y responsable de la masacre de millones de trabajadores soviéticos y no soviéticos, acaban de darnos la noticia de que podrían proponerse «clonar a Lenin». Eso dicen ellos. Y reclaman apoyo, es decir: $, money, para su proyecto. ¡El pez por la boca muere!

Por supuesto: apuntamos todo esto sin caer en el juego imbécil de una supuesta noticia lanzada en el momento adecuado y en consonancia por las agencias capitalistas y los restos de la burocracia pro-capitalista.

La cosa sería de risa si no fuera que implica algunos problemas graves, no siendo el menor de ellos el hecho objetivo de que, créase o no, hay gente que se toma en serio su deseo de volver a visitar a Lenin, Disney, Gandhi o Hitler, entre otros.

 

2. El sueño de Lenin y nuestra bienhechora Fantasía

 

No es motivo de este artículo entrar en supuestas «consideraciones científicas»  sobre la clonación de órganos y organismos, sus ventajas y desventajas. Nuestras opiniones quieren estar al servicio del desenmascaramiento de tanto inescrupuloso hijo putativo de la Sabiduría.

O dicho de otro modo: los «ciudadanos del mundo» tenemos (o tendremos que tener) la palabra. No nos debe importar que haya supuestos «científicos serios» que consideren que sólo los científicos serios poseen razones para decirnos qué es fantasía y qué es realidad, qué es lo posible y qué lo imposible, qué es lo necesario y qué lo inútil. Sí debe importarnos la denuncia de los protagonistas de la presente degeneración política, ya típica de la época de mayor descomposición social del capitalismo.

Por otro lado, se trata de la Fantasía, nuestra bienechora Fantasía, nuestra querida palabra Fantasía. Podemos decir de ella que se le atribuye la capacidad de envolvernos para ayudarnos a corporizar los fantasmas, hacer delicias de tantas proyecciones, dar vida a los sueños. Sí, la maravillosa Fantasía debe ser capaz de hacer las delicias de cada niño y cada joven y proporcionarle el goce indispensable en un mundo que día a día se le dificulta más; estamos hablando de una Fantasía que hasta un cierto punto es capaz de protegernos en una tierra de horrores...

Fue Lenin quien dijo en una de sus obras fundamentales, el Qué hacer (del año 1902):

 

« "¡Hay que soñar!". He escrito estas palabras y me he asustado. Me he imaginado sentado en el «Congreso de Unificación», teniendo enfrente a los redactores y colaboradores de Rabócheie Dielo. Y he aquí que se levanta el camarada Martinov y se dirige a mí con tono amenazador: ‘Permita que le pregunte: ¿tiene incluso la redacción autónoma derecho a soñar sin previo referendum de los comités del Partido?’. Tras de él se levanta el camarada Krichevski y (ahondando filosóficamente en el camarada Martinov, quien hace mucho tiempo había ya ahondado en el camarada Plejanov), en tono aun más terrible continúa: ‘Yo voy más lejos, y pregunto si en general un marxista tiene derecho a soñar, si no olvida que, según Marx, la humanidad siempre se plantea objetivos realizables, y que la táctica es un proceso de crecimiento de los objetivos, que crecen con el Partido’.

Sólo de pensar en estas preguntas terribles siento escalofríos y pienso dónde podría esconderme. Intentaré esconderme tras Písarev.

“Hay diferentes clases de desacuerdos —escribía Písarev a propósito del desacuerdo entre los sueños y la realidad—. Mis sueños pueden rebasar el curso natural de los acontecimientos o bien pueden desviarse a un lado, adonde el curso natural de los acontecimientos no puede llegar jamás. En el primer caso los sueños no producen ningún daño, incluso pueden sostener y reforzar las energías del trabajador... En sueños de esta índole no hay nada que deforme o paralice la fuerza de trabajo. Muy al contrario. Si el hombre estuviese completamente privado de la capacidad de soñar así, si no pudiese de vez en cuando adelantarse y contemplar con su imaginación el cuadro enteramente acabado de la obra que se bosqueja entre sus manos, no podría figurarme qué móviles obligan al hombre a emprender y llevar hasta su término vastas y penosas empresas en el terreno de las artes, de las ciencias y de la vida práctica... El desacuerdo entre los sueños y la realidad no produce daño alguno, siempre que la persona que sueña crea seriamente en su sueño, se fije atentamente en la vida, compare sus observaciones con sus castillos en el aire y, en general, trabaje escrupulosamente en la realización de sus fantasías. Cuando existe algún contacto entre los sueños y la vida, todo va bien.”

Pues bien, los sueños de esta naturaleza, por desgracia, son muy raros en nuestro movimiento. Y la culpa la tienen, sobre todo, los que presumen de su lucidez, de su proximidad a lo concreto, los representantes de la crítica legal y del seguidismo ilegal.»

 

•••

 

El marxismo se ha distinguido por intentar infundir al proletariado moderno «la conciencia de su situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación» (F. Engels).

Como contrapartida, la burocracia stalinista, en acuerdo político y práctico con el imperialismo, persiguió y asesinó a los revolucionarios y liquidó lo que en su origen fue la mayor revolución igualitaria de la historia humana.

Los racionales y conscientes horrores de la burocracia tienen una base de interés de casta dominante y opresora. En la medida en que sus intereses opresores concordaban con los de la burguesía mundial, fueron (y son) aliados del imperialismo y enemigos de los trabajadores de todo el mundo.

Ahora algunos de sus vástagos plantean esto con la figura de Lenin, atractiva para buena parte de los obreros combativos y de los luchadores sociales de todo el mundo. Y no debería extrañar que estos burócratas-científicos, gentes sin escrúpulos, pronto elijan para su juego la figura (pero una cadavérica figura) del inigualado Marx.

 

Según algunas opiniones, clonar seres humanos sería posible sólo después de un considerable desarrollo científico. Lo que no se puede afirmar es que dicho «considerable desarrollo científico-técnico» no se vaya a producir en muy pocos años más, tomando en cuenta lo que ya está sucediendo con la biogenética a nivel mundial.

Dicho eso, he aquí la Fantasía (individual) de quien esto escribe:

El Hombre Clonado será con respecto al Hombre Actual lo que éste está siendo con respecto al Hombre Primigenio: una forma evolucionada ahora casi impensable.

La humanidad desarrolla seres de laboratorio en la misma medida en que vive en una sociedad conformada como su propio laboratorio. Desde su origen, en tanto que interviene en (o "lucha contra") lo que ella misma ha denominado naturaleza, la humanidad es «de laboratorio».

Para el hombre primigenio el medio a conquistar era el medio ambiente natural (selvas, llanos, montañas, ríos, bosques, pantanos, estepas, mares, etc.) y las fuerzas que allí anidan. El hombre actual lucha contra sus límites: las ciudades atestadas, la necesidad y la dificultad para superar la sociedad capitalista, un planeta que empieza a ser insuficiente debido a la explotación “bárbara-civilizada”, la tecnología como mera aplicación capitalista, etc.

Parece inevitable, observando el derrotero de la humanidad, que el hombre clonado alcanzará alguna vez el espacio extraterrestre lejano, y que luchará contra los límites del medio «natural» que habrá de encontrar a cada paso de su evolución. Pero así como el hombre primigenio no podía tener un panorama exacto de su desarrollo futuro, el hombre actual, por más prospectiva que dibuje, no puede tener el panorama, ni completo ni detallado, de lo que será esa humanidad a la que conduce, en un salto histórico vital, la actual perspectiva de desarrollo.

Y he aquí algo fundamental: todas las fantasías quedan, entonces, como señales de un deseo que se lee siempre en «presente-pasado», en la exacta medida en que está siendo presente... aquel presente que ya pasó y este mismo presente que acaba de pasar, pasar, pasar, pasar, pasar...

 

3. Lenin, hijo de la revolución

 

Sí, tal vez llegue a posibilitarse la clonación de organismos humanos a una escala hoy inverosímil, pero no existe perspectiva alguna, por ahora, que nos haga siquiera entrever algo así como la clonación del ser... del ser Lenin, del ser Juan Pérez, del ser ese que es nuestro vecino y que tiene un nombre, una historia, una experiencia.

Los burócratas autoproclamados comunistas o socialistas, trogloditas que, por ejemplo, han atacado siempre los conceptos e investigaciones freudianos, así como todo rastro de libertad sexual, los derechos de los jóvenes y la libertad de conciencia, son los mismos que ponderan el Estado, la Familia, el Trabajo y la Autoridad —en fin: las formas concretas, capitalistas, de la Propiedad–, las supuestas Leyes Humanas y Sociales entendidas como instrumentos de su opresión sobre la vida de los hombres-fuerza-de-trabajo, sus servidores. Y aquellos mismos son los que ahora pretenden armar esta patraña.

Pero, por decirlo así, Lenin «ya fue». Y fue (junto con Trotsky y otros) nada más y nada menos que el líder de la revolución obrera y socialista más importante (por fundacional y por sus programas) de la historia humana. Lenin fue hijo de la revolución; y está aún en este mundo y en un lugar muy concreto, que es lo contrario de un mausoleo: el lugar de los revolucionarios que entregan todas sus fuerzas a lo mejor que produjo la humanidad en sus evoluciones sobre el planeta: un programa contra el capitalismo y por el socialismo, la organización independiente de los explotados, la conciencia revolucionaria... .

El marxismo (al menos —si sirve decirlo así— el marxismo que necesitamos) es enemigo del culto de la personalidad. Y, así como de los capitalistas, el marxismo es irreconciliable enemigo de los stalinistas y de los burócratas antiobreros.

 

4. ¿Será posible lo imposible?

 

—Pero ¿y si fuera posible clonar a un supuesto «organismo‑Lenin» a partir de una célula del cadáver momificado de Lenin? –puede preguntarse alguien.

Preguntamos nosotros: —¿A alguien puede quedarle alguna duda de que el viejo y único Lenin hubiera sido el primero en condenar esta «payasada»? (Muchos revolucionarios han condenado la patraña de la momificación del cadáver de Lenin.)

Todo indica que de allí no podría salir otra cosa que un clon o clown, un payaso. Como dijimos, la experiencia llamada «personal», los hechos irrepetibles, lo que llamamos deseo, la situación histórica de ese individuo, la formación psicosocial (individual y colectiva) que originan y conforman un ser humano en particular, no es clonable.

Lo que pretenden hacer sería una marioneta, un títere viviente, un principito de la burocracia, un pirata para la corona de la contrarrevolución mundial.

La inteligencia revolucionaria que expresó y encarnó Lenin no es apenas un proceso «cerebral» o celular: es un hecho vivo inseparable de una experiencia histórica colectiva y determinada. Incluso un árbol no es un montón de células vegetales, sino un integrante (llamado vegetal) de un ciclo, sujeto a metamorfosis e intercambios con el medio, cuidado o destruido, favorecido en su proceso vivo o no, protagonista del poema o tabla de esta mesa.

Ese niño-Lenin-clown, al que sin duda llamarían «Lenin II», sería hijo de los peores padres: burócratas socialmente enfermizos, científicos mengueleianos que han perdido todo rumbo, serviles aliados de los capitalistas y la contrarrevolución mundial.

 

5. No queremos ‘‘nuevos’’ Lenin

 

En cuanto a nosotros: no queremos ‘‘nuevos’’ Lenin, porque Vladimir Ilich Lenin hubo y, por lo tanto, habrá siempre uno solo. Los revolucionarios que queremos y tendremos (que llevarán Algunos Otros Nombres) están siendo «creados» en este inmensurable instante, en este momento social, en esta situación histórica, en la experiencia de lucha de la clase obrera mundial en la época de la mayor crisis del capitalismo. No están siendo «clonados» en las especulaciones inescrupulosas de quienes sólo pretenden proteger su propiedad (incluido —además de los salarios y privilegios— un supuesto «saber» científico como patrimonio personal, sectorial o de casta), sus jefaturas opresivas, su impunidad.

Queremos la solución social (en la que se implica la ciencia tanto como lo que no lo es) para todos los problemas con que se encuentra la humanidad en su desarrollo y devenir, en todos los aspectos y asuntos de la vida (obviamente empezando por las mayores y más graves cuestiones sociales). Para ello es necesario acabar con la mercantilización de la vida, de la ciencia y de la educación, así como liquidar el monopolio capitalista del conocimiento y de sus aplicaciones. Y para esto son necesarios gobiernos anticapitalistas formados por trabajadores. Y también para todo esto es necesaria la revolución socialista mundial, transformadora de la humanidad mercantilizada y apropiada.

 

(abril 1997)

 

Alberto a. Arias 

 

 



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