Actualización de esta página: 11/08/2011 Buenos Aires, Argentina.
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El arte supremo de la vida, y cuatro poemas
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El arte supremo de la vida
En una entrevista que hace años le hice a Roberto Juarroz —uno de los poetas argentinos de mayor importancia— recuerdo que le pregunté “por qué escribía”. Su respuesta fue rápida y precisa: "Escribo porque amo la vida". Luego aclaró que no lo hacía para ganar prestigio, figurar como muchos en revistas, obtener premios, etc.
Estas palabras tienen hoy un alcance mayor que esas referencias y dejan abierto un mundo de ideas y reflexiones sobre otras actividades de nuestra cultura.
Si se ama la vida, y esto hace posible escribir, también puede decirse que la vida misma es un arte, pues en ella se dan las condiciones o elementos para toda actividad humana. Vivir, pues, nos da un poderoso impulso para asegurar la obra personal y una firme orientación dentro de la cultura.
Si se escribe “porque se ama la vida”, como decía Juarroz, hacerlo es negar también todo lo que es falso, lo que desvía la conducta y, en consecuencia, aquello que desvirtúa la naturaleza del arte.
Juarroz no dejaba dudas sobre lo que más quería decir: no escribir versos para recibir aplausos, honores, recompensas o títulos como los que se reparten en los medios de propaganda, llámense revistas, grupos editoriales, etc.
Hay un arte supremo en el mismo hecho de pensar, en cualquier trabajo elegido, en un poema, una pintura, una composición musical. ¿Y qué sería de ese trabajo fuera de la rectitud o dignidad, sin aspiraciones honestas, opuestas a intereses comerciales o mezquinas especulaciones?
Si pensamos en el panorama actual de la cultura, parecería que únicamente existe lo que se vende mejor, lo que asegura una rápida y fácil difusión en los kioscos, librerías y salones de arte. ¿Está aquí el “amor a la vida”, y se ha logrado en esa forma que la vida nos haga mejores seres humanos?
Se trata de no ver la realidad “bajo espejismos tentadores y frases que acarician nuestra vanidad para adormecernos; de tener pensamientos sólidos y esperanzas capaces de resistir a las más enervantes tentaciones”, según recordadas palabras de Scalabrini Ortiz. (1)
El arte supremo de la vida… ¿Qué duda cabe de lo que más se necesita cuando actuamos en la sociedad, o en el instante de hacer una obra sin otras “tentaciones” que el misterio de su realización y la experiencia de verla concluida?
Nos dan ejemplo de esta profunda finalidad las grandes obras de todos los tiempos, trascendiendo momentos históricos y circunstancias socio-culturales adversas. Quedan por haber tomado aliento de la vida, no por recibir alguna resonancia fuera de la creación misma.
Roberto Juarroz nos hablaba de “escritores y poetas fatalmente periféricos, que no acaban de entrar en la dimensión trascendente y única que importa, donde es mucho lo que hay que abandonar para poder entrar allí”.
Olvidémonos, pues, de tantos famosos “periféricos” de la vida cultural argentina, y vayamos en busca de los que aman la vida y han abandonado la vanidad en busca del germen que los identifica, sin deformación alguna.
(junio 2008)
Nota:
(1) R, Scalabrini Ortiz en: “Elogio del pensamiento plebeyo”, de Jorge Torres Roggero. Córdoba, 2002.
Cuatro poemas
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Discusiones
A Roberto Juarroz
Pasa un instante que traza entre dos hombres
Una distancia como si fuera la muerte.
En otro instante los dos hombres
Desaparecen en la distancia que nombran.
Pero de pronto hay un instante que cambia
El lugar de los hombres
Y entre ellos no queda más que vida
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En el jardín
En el jardín de otoño
las hojas reverdecen
otras se apiñan todavía
mueren y nacen
en brazos oscuros
de la siembra
Es vano mirarlas
en días que se apagan
como ellas
unas manos que siempre
despojaron los troncos
de ligeras miserias
La muerte ofende
a la belleza
Está creando un fin
sin desamparo
tiernamente
penetran las raíces más vivas
hacia el origen
igual al hombre
detenido en el surco
Un círculo infinito
entre ramas y brazos
ir y venir de sangre
preguntas y respuestas
líneas cruzadas
como criaturas inmortales
En su nombre
hay un calmo recuerdo
la escena de una poda
con la mirada fija
en la flor del futuro
a Antonio Porchia
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Jardín del Paraná
Se pasea con lentitud
entre luces que rotan
iguales a sus manos
de un día a otro
Se detiene para olvidar
que hay vacíos
donde soñó palabras
y busca otra memoria
de universal armonía
Lo reconocen unos hombres
silenciosos
por sus ademanes
de sauce o lejano pinar
(él es un temblor que el aire
se lleva hacia el río)
En su jardín
se arremolinan hojas y gatos
mientras lleva a la boca
aquel silencio
que alarga su pensar
Juanele ha sacado de pronto
su voz del paisaje
es la que se oye llegar todavía
de un niño solo
del desamparo
en las orillas del país
a Juan L. Ortiz
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De estar y no estar comprometido
Un pájaro
se ha comprometido con el cielo
Acabo de recordar un sueño
que se sintió comprometido (bien lo sé)
con mis ojos vueltos a la noche
Todos los libros leídos
durante años de sereno despertar
quedan comprometidos en la biblioteca
Ayer al ver el cuerpo desnutrido de un niño
en la soledad gris de su abandono
me he comprometido con su muerte
Al mirar una fotografía de César Vallejo
con sus labios entristecidos
me he quedado solo con los compromisos
Escribo sin saber
si podré estar con ellos
cuando hable del amor
(diciembre 2007)
Alberto Luis Ponzo
('El arte supremo de la vida' fue escrito originalmente para "LA VOZ DE CASTELAR", junio 2008. 'Discusiones' pertenece al conjunto Poemas olvidados (1962-2004) (2004); los poemas 'En el jardín' y 'Jardín del Paraná' pertenecen al libro Ramos de invierno, Castelar, 2001; 'De estar y no estar comprometido' es inédito.)
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"El arte supremo de la vida, y cuatro poemas".
por: Alberto Luis Ponzo