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16 de setiembre de 2010
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por Liliana Dulbecco
I: Relato de experiencia
El grupo se reunía en la puerta de la escuela: alumnos que participaban de la toma del establecimiento, algunas madres, algunos docentes.
Seis menos cuarto, con la pancarta en alto, iniciaron la marcha hacia el Congreso, el grupo de adolescentes al frente, los padres y profesores detrás.
En el recorrido hasta la Plaza, miles de jóvenes, centenares de escuelas, Profesorados, Facultades con sus centros de estudiantes, padres, docentes con sus sindicatos y los partidos políticos.
Una pancarta diferente, roja y blanca, sucia de tierra, llamaba la atención. Era sostenida en sus manos por jóvenes y por dos adultos. Atrás, las fotos de más de una decena de estudiantes desaparecidos llevadas por estudiantes del Otto Krause, como así lo indicaba el cartel al final de la columna.
Presidía la columna la bandera que perteneció a los estudiantes antes del Golpe de Estado del setenta y seis, que había estado enterrada por treinta años. El padre de uno de los portadores de la misma, la había enterrado cuando su hijo se fue del país. Poco antes de morir le reveló el lugar. De cerca se podía leer en la tela blanca las consignas de la época, en letra pequeña.
El diez y seis de setiembre de dos mil diez volvió a marchar por las calles uniendo tras de sí a dos generaciones: la de las luchas estudiantiles de los años setenta, y la actual.
Treinta y cuatro años no han podido con la lucha.
La misma bandera enterrada, como parecía adormecida la fuerza de nuestra juventud; ahora desenterrada, los abraza, a los de ayer y a los de hoy. Los cobija, como si los jóvenes que no pudieron ser envolvieran con su calor a los que hoy los continúan.
II: Una posible lectura psicosocial
Los cuerpos van tomando posiciones en el espacio y al mismo tiempo el espacio se va construyendo con el movimiento de los cuerpos.
¿Cómo se ubicaron los cuerpos en el espacio social en este día tan importante para los jóvenes?
La adolescencia es un volver a pasar por lugares ya conocidos, es volver a recorrer el camino de la primera infancia, cuando fue necesario que las primeras figuras significativas pospusieran sus necesidades para que pudieran advenir las necesidades del hijo/a. Retirarse de la escena significa, entonces, dejar de ser una figura omnipresente y poder correrse, para otorgar un lugar.
Es un movimiento psíquico que implica ubicarse en segundo lugar, por un tiempo; se trata de un movimiento en el espacio intra-psíquico que tiene su correlato objetivo en los espacios concretos.
El adolescente necesita tomar protagonismo, ocupar el centro de la escena, marchar al frente. En un movimiento complementario, los adultos tendrían que poder retirarse de la escena para acompañar-cuidando.
Para el niño, que este proceso se lleve a cabo depende exclusivamente de los adultos. Que el niño sea considerado en su subjetividad, que sea tenido en cuenta, que pueda tener su lugar, en última instancia no dependerá de él sino de la posibilidad de identificación y de empatía de que sean capaces los adultos que lo cuidan. Si bien puede haber diferencias entre niños más sumisos y otros que, desde chiquitos, pelean por un lugar que no les es concedido gratuitamente, lo cual varía con la posición subjetiva que cada uno pueda adoptar.
La problemática adolescente se juega en el espacio social, por eso es tan importante lo que sucede en el contexto político, económico y social.
La diferencia la marca el que ahora el adolescente puede decidir entre ser un objeto manipulado por los otros o ser un sujeto protagonista de su vida. La escena puede ser ocupada, el lugar puede ser conquistado. No hay por qué resignarse a que no sea concedido.
Además, es en la adolescencia donde se materializa y opera el proceso de ruptura y de trasmisión generacional. Si con la ruptura el adolescente pierde sus referentes primarios, quedando transitoriamente sin sostén, con la transmisión recupera el sostenimiento perdido pudiendo impulsarse hacia el futuro.
En la adolescencia se produce la desidentificación de las figuras parentales para poder así, re-identificarse con otras más allá de los límites familiares, modelos identificatorios que servirán de sostén y de guía en la vida.
En nuestro país, al menos desde las últimas dos décadas, ha prevalecido un discurso auto conservativo, cuya única finalidad es estar al servicio de la supervivencia y de lo inmediato. Y aunque algunos padres y docentes impulsen a estudiar, a avanzar, a proyectar, lo que sucede en la realidad vacía de contenido material las mejores intenciones.
¿Qué modelos identificatorios puede aportar una sociedad donde todo da lo mismo, donde con la corrupción, el clientelismo, el robo, la obsecuencia, la dádiva social se consiguen más cosas que estudiando y trabajando?
Lo que los jóvenes pudieron hacer con estos actos es, sencillamente, recuperar los sueños. Es el paso anterior para poder proyectar y proyectar es proyectarse hacia el futuro. Sueños y proyectos, preludios de la lucha.
Cuando a un muchacho se le pregunta por qué eligió estudiar para ser docente y responde: para defender la escuela pública, está tomando la bandera de generaciones anteriores y la hace propia.
Del mismo modo, la bandera del Otto Krause llevada por los viejos y los nuevos estudiantes es un símbolo de un acto de trasmisión generacional, con un enorme peso simbólico, entre la generación de la noche de los lápices y la actual, que se está abriendo paso ocupando el centro de la escena política y además, desempeñando un papel activo en el escenario de sus vidas.
Lo que los jóvenes pudieron hacer es remontar la miseria actual y buscar y encontrar en la tradición y en el pasado, figuras y valores con los que poder identificarse: la lucha por la educación pública, los otros jóvenes que desaparecieron defendiendo los mismos ideales.
Lo que pudieron hacer es remontar la inmediatez en la que se los intentó sumergir para construir un tiempo, su tiempo: con presente, pasado y futuro.
¿Y los adultos?
El adulto que piensa y dice: “Yo no voy a pedir permiso para…”, “Cómo un chico de… años me va a decir lo que tengo que hacer”, obviamente se ubica en un lugar de poder, favorecido por la estructura educativa. Pero esta asimetría bien podría basarse en los mayores conocimientos, el respeto y el cariño, antes que en el mero ejercicio de un poder que, por otra parte, ya no inviste a nadie por sí mismo.
Detrás de estas frases subyace la lógica del “ellos o nosotros”. Lógica muy valiosa para la lucha de clases pero no hacia dentro del colectivo de “las clases en lucha”.
La generación que no tiene nada que aprender de la venidera, que cree que todo lo sabe, se agota en sí misma.
Poder trasmitir a los jóvenes la experiencia recogida en el camino recorrido es, a su vez, una manera de aceptar el supremo límite de la muerte y, en este mismo acto de aceptación, tener la posibilidad de conjurarla.
Finalmente, este proceso que están llevando a cabo los estudiantes no sólo es políticamente importante para el cuerpo social; en definitiva, son ellos los que intentaron marcar un límite a una situación de deterioro educativo y social imparable impuesta por “los distintos gobiernos”; es saludable para ellos mismos, para su proceso de crecimiento, para la posibilidad de ser protagonistas de su destino.
Como adultos lo mejor que podemos hacer es dar un paso al costado y acompañar-cuidando.
Qué mejor tarea para un padre o para un docente que… acompañar sueños.
(setiembre 2010)
Liliana Dulbecco
BIBLIOGRAFÍA:
-Freud, Sigmund: “Metamorfosis de la pubertad”, Obras completas, Tomo IV, ed. Biblioteca Nueva, 1974.
-Bleichmar, Silvia: Tiempos difíciles. La identificación en la adolescencia. En: La Subjetividad en riesgo. Ed. Topia. Año 2005.
-Bleichmar, Silvia: “La infancia y la adolescencia ya no son las mismas. Qué se conserva hoy de la infancia que conocimos”. Conferencia pronunciada en el marco del Curso “La niñez y la adolescencia ya no son las mismas - Lo que todavía no se dijo”, en el Centro Cultural San Martín, organizado por el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, el jueves 4 de octubre de 2001, en Buenos Aires.
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• (En "Artes, ciencias, quehaceres" desde 30.11.2010)por: Liliana Dulbecco
En el centro de la foto, la vieja bandera del Centro de Estudiantes de Otto Krause: "Presidía la columna la bandera que perteneció a los estudiantes antes del Golpe de Estado del setenta y seis, que había estado enterrada por treinta años...".
Estudiantazo del 16 setiembre 2010: "En el recorrido hasta la Plaza, miles de jóvenes, centenares de escuelas, Profesorados, Facultades con sus centros de estudiantes, padres, docentes con sus sindicatos y los partidos políticos...". Se ve en la foto, a la derecha, la nueva bandera del Centro del Otto Krause.